viernes, 20 de septiembre de 2013

EL ÚLTIMO AJORRADOR DE PUEBLA DE D. FADRIQUE


Ajorrar: llevar arrastrando al cargadero los troncos de Madera.

No conocí aquella época cuando en los montes de Puebla de D. Fadrique se producía un continuo ir y venir de trabajadores, bestias y máquinas que aprovechaban los recursos forestales que ofrecían sus pinares.  A grandes rasgos conozco la historia, pero no puedo contar los detalles y, como en otras ocasiones, recurro a la excelente memoria de mi padre Fidel Rosillo López, con quien siempre he compartido buenos ratos de charla en torno a la historia reciente de la Puebla, él me ha contado lo que sabe. Para mí es fácil plasmarlo aquí y compartirlo con vosotros, pero es él quien me ilustra y quien engrandece con sus apuntes muchos de mis artículos.

La Puebla tenía y tiene amplias zonas de pinares, desde Porcuna hasta el Río Santiago. Los mayores propietarios de las fincas hace unas décadas era la familia Bañón, que además tenía fábricas de maderas. En cierto tiempo existieron dos fábricas, una de ellas en la venta del puente de Caravaca.

En la Puebla había por entonces varias cuadrillas de aserradores, cuando aquí no había trabajo se marchaban a otros lugares del país, como el Pirineo o Ponferrada.

Lo primero que hacían los trabajadores cuando llegaban al monte era una choza con pinos y ramas, entre ellos había uno que era el atero, persona que se ocupaba de la comida no faltase. El plato fuerte era el ajo de aserradores. Los aserradores comenzaban el trabajo cortando los pinos, posteriormente lo desramaban y pelaban, se cortaban con el tronzador y pelaban con el hacha peladora. Una vez cortado y pelado el pino tocaba el trabajo del ajorrador, que con el mulo arrastraba los pinos hasta las cambras, lugares donde los camiones podían acceder para proceder a cargarlos. Aserradores y ajorradores pasaban varios meses en el monte sin bajar al pueblo.

Inicialmente la madera se cargaba y transportaba en carros conocidos como pértigos, carros fuertes tirados por mulos. Posteriormente se utilizaron vehículos rusos “Los gasógenos” y  más tarde camiones Barreiros.

Hace unos días recuperé mi antiguo proyector de diapositivas y muchas de las instantáneas que realicé hace ya al menos 15 años; entre ellas, encontré varias fotografías que en aquel momento le hice a Ángel López Martínez “ El Tenazas”  pocos años antes de jubilarse. Mientras escribo estas líneas, pienso en la ilusión que le habría hecho verse fotografiado en este artículo, pues el pobre nos dejó no hace mucho tiempo y con él,  “El Último Ajorrador de la Puebla de D. Fadrique”

Tuve la oportunidad de trabajar durante varios años en el Pinar del Duque, allí, en cualquier camino próximo a las Casas del Pinar, era fácil encontrarse con “El Tenazas”, apodo con el que familiarmente se le ha conocido siempre a Ángel en La Puebla.

Allí estaba aquel día, entre la espesura de los pinos laricios muy cerca del camino que ascendía desde la carretera de Santiago de la Espada hasta el Collado de los Rojos de la Hoya del Espino. Como en otras ocasiones, Ángel ajorraba tirando con destreza de su mulo de cabeza gruesa, orejas largas y melena corta. En el barranco junto al camino, entre la hojarasca, se esforzaba el fuerte équido con sus estrechas pezuñas clavadas hasta el menudillo  para sacar un largo y grueso tronco de pino pelado.

A nuestra llegada, Ángel mandó parar a su fiel compañero con un “So” mientras por efecto de la  pendiente y el peso de la madera, el tronco tocaba el corvejón del mulo tras sus cuartos traseros. La cara de Ángel  reflejaba la dureza de tantos años realizando aquel oficio que a la intemperie aprendió de su padre.

Las fotografías que presento se realizaron el verano del año 1996, pocos años antes de jubilarse. No era difícil adivinar que con él se apagaba lentamente una parte de la historia de este pinar y de La Puebla de D. Fadrique,  él era el Último Ajorrador de estas sierras.



Dedicado a todas las personas que trabajaron en los pinares de la Puebla y que 
con su esfuerzo y tesón mantuvieron a sus familias durante varias décadas.



José Fidel Rosillo Martínez.






6 comentarios:

  1. Emotiva y ejemplar entrada la que dedicas hoy al último ajorrador de los montes poblatos y, seguramente, huesquerinos. Saludos!!

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    1. Gracias Santi.

      Él se fue y con él esta manera artesana de trabajar en los montes, de Castril, La Puebla o Huéscar y otros más lejanos, en cualquier lugar donde poder ganarse un jornal.

      Un trabajador infatigable y mejor persona.

      Un abrazo.

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  2. Inmejorable entrada, bien articulada y excelentemente documentada. Da gusto leerte, la verdad. El abuelo de Noelia trabajó en los pinares y su abuela me comentaba los pormenores del duro trabajo que desempeñaban. Un abrazo y nos vemos por el pueblo.

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    1. Hola Tomás.

      Te agradezco de corazón tus comentarios y me alegra que te haya gustado la entrada.

      Por desgracia, estos trabajadores apenas tenían tiempo para contar y mucho menos inmortalizar sus experiencias. Muchas historias se han ido con ellos y no las conoceremos nunca. Espero sin embargo haber despertado el interés de aquellas personas que trabajaron en nuestros pinares y que nos pueden contar anécdotas y detalles de esta actividad que mucha gente desconoce.

      Nos vemos por los pinares de la Puebla.

      Saludos.

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  3. Oficios dificiles que se pierden por el paso de los tiempos y la evolución. Con el hambre que quitó éste oficio en tiempos pasados a muchas familias, en fin, todo es ciclíco, tiene su principio y su fin.

    Estupenda entrada para que no se nos olviden los tiempos donde no había vacaciones, pagas extras, reducción de salario o aumento de horas.... ese trabajo tan duro, como muchos otros eran de sol a sol. Día que no trabajabas, no cobrabas y punto. Así de duras eran las condiciones laborales entonces. Ahora con lo dificil que están las cosas, podemos dar gracias que no estamos como nuestros padres o abuelos. Saludos

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    1. Hola Sofía.

      Creo que en nuestra Comarca tenemos aún mucho que avanzar y mejorar. Como bien dices, se pierden los oficios pero para nuestra desgracia, se ha perdido también cualquier documentación escrita.

      Si buscas la palabra ajorrador en internet, apelativo muy antiguo en nuestros pueblos, posiblemente aparezca esta entrada(porque se ha comentado en ella) y poco más.

      Se van las personas, lo oficios y sus vivencias y no hacemos caso y poco a poco perdemos nuestra identidad.

      Estoy totalmente de acuerdo contigo, la vida de estas personas y sus experiencias comentadas nos deben de servir para saber realmente en que situación estaban ellos y cómo nos encontramos nosotros ahora, como lo estamos pasando y cómo lo pasaron ellos y pensar que su trabajo y esfuerzo sirvió para que nosotros estemos mejor hoy.

      No los podemos olvidar, es nuestra obligación.


      Saludos.

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